En la cima de una colina, a 350 metros de altitud, son las seis y veinte de la tarde del mes de diciembre. El sol hace ya un rato que se ha escondido tímidamente entre las lejanas montañas del suroeste. Es un día de bochorno, las nubes pasan rápidamente y el calorcito es notable. Mi cámara y yo somos testigos del monumento en memoria a la lucha por el Castillo de Maya hace seis siglos, hoy símbolo de la independencia de Navarra.
La siguiente fotografía se tomó durante 2 minutos a un F25, con la poca luz que quedaba. Se dispararon unos 7 flashes a la cara sur del monumento a un metro y medio de distancia. La cámara fue accionada a 5 metros por un mando infrarrojos. El resultado fue éste, además quedó plasmado el ligero barrido de las nubes en movimiento, uno de mis objetivos al tomar la fotografía.

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